lunes, 7 de febrero de 2011

Articulista Invitado

La Traición Política Puede
Llevar al Caos

Héctor Yunes Landa

Cuando observamos lo que está aconteciendo en Egipto y en otras naciones del Medio Oriente uno se pregunta ¿Cómo es posible llegar a estos extremos? ¿Por qué la sociedad llega a la desesperación y a la alteración del orden? ¿Acaso los gobernantes no son capaces de prever el rumbo de las cosas?

La respuesta no parece fácil y lo único cierto es que cuando una nación arriba a este escenario se ubica al borde de un abismo que puede llevarla a una guerra civil y a un conflicto muy prolongado y de complicada solución.

Es evidente que el ciudadano llega a esta actitud de rompimiento y desesperación precisamente cuando pierde la esperanza en que sus demandas puedan ser atendidas por el Estado y sus intereses sean efectivamente representados; es decir, cuando pierde su confianza en que el proceso político pueda encauzar y resolver los conflictos sociales.

Esta falta de representación es ocasionada por la cerrazón de un gobierno a escuchar la voz ciudadana del cambio, pero también puede ocasionarse cuando los partidos o los gobernantes no representan un referente claro para dar respuesta a las demandas y necesidades de los grupos sociales y de los ciudadanos.

Lo anterior viene a cuento por lo sucedido en las recientes elecciones de Guerrero y Baja California Sur, donde hemos observado toda suerte de equilibrismo, transfuguismo y trapacerías, en una cínica y burda obsesión por arribar al poder, sin importar la preservación del más elemental sentido de la lealtad, la pertenencia y la coherencia ideológica; lo único que ha importado es ganar, a pesar del costo de colocar a la Política en esos estados, como un tramposo y desaseado proceso de traiciones reiteradas.

Esto no sólo tiene implicaciones éticas y morales, sino también conlleva un riesgo considerable para la estabilidad y el orden social, por la confusión que genera en el ciudadano, en su militancia y valores, en sus aspiraciones y en la defensa de las cosas en las que cree. El gobernador electo de Guerrero ¿estará a favor o en contra del aborto y de la unión de personas de un mismo sexo? ¿Respaldará una mayor apertura del sector energético o se opondrá a ella? ¿Pedirá más recursos para la Universidad de Guerrero o promoverá la educación privada? ¿Está a favor del laicismo o propone una educación confesional?

¿El PRD combate a los caciques o los apoya, como en el caso de Leonel Cota -exgobernador por el PRD y hoy candidato del PANAL a la alcaldía de Los Cabos-, quien traicionó al PRI para hacer ganar al PRD, imponer a su primo como sucesor en la gubernatura y traicionar después a este partido, pidiendo ahora a los ciudadanos sufragar a favor del PRI, afectando incluso a la candidata del PANAL, partido que los postuló en esta elección? o el propio candidato del PAN a la gubernatura, Marcos Covarrubias que es un tránsfuga del PRD.

¿El PAN es aliado del PRD, hay alguna afinidad por remota que sea, o sólo se unen de manera deshonrosa para imponer a un traidor en Guerrero? “Quien traiciona una vez traiciona siempre” decía Don Fernando Gutiérrez Barrios, por eso hay que tener un mínimo de pudor al pasar con descaro de oponerse a un adversario esgrimiendo ideología o proyectos distintos para luego suscribir lo que se combatió de manera furibunda sin la menor vergüenza.

La mayor importancia, reitero, no está en el lado ético, esto es asunto de cada consciencia; el mayor daño está en el desánimo que genera en el ciudadano la perversión de la Política que estos politicastros generan, porque desencanta, desilusiona, decepciona, que durante mucho tiempo se inoculó enemistad y de pronto se pretende sembrar afinidad entre los contrarios, entre los opuestos, entre los espurios y los legítimos.

Casi todas las crisis –incluso las económicas- que está enfrentando el mundo tienen que ver con la carencia de valores y la destrucción de la moral pública. Creo firmemente que la lealtad a una ideología, a un partido y a la defensa de los postulados que un político defiende deben prevalecer por encima de los apetitos de poder.

No se trata de llegar a ser gobernador a toda costa, pasando por encima de quienes han creído en nosotros; se trata de postular una causa, un proyecto y defenderlo, aunque eso a veces nos lleve a un acto de consciencia donde nuestros intereses y proyectos personales pasan a segundo término, y lo más importante, lo esencial, es nuestra lealtad a lo que hemos sido y a la comunidad a la que servimos.

Finalmente, los partidos ganan y pierden, y los políticos vienen y van –sobre todo los tránsfugas- pero los ciudadanos necesitan una efectiva representación política, clara y definida, coherente y confiable, antes que mercenarios que sólo sirven a su propia causa y no les importa traicionar a todas las banderas.

Muchos ciudadanos en nuestro país están perdiendo la esperanza de que los políticos sean capaces de conducir al país por causes auténticos que busquen la consolidación democrática y el progreso; observemos y aprendamos de lo que está ocurriendo en Egipto y Túnez. Tengamos en cuenta que la deslealtad en política es el camino de la traición a los principios y a los ciudadanos. La situación internacional nos está mostrando algo que no debemos soslayar. Tomemos la lección.

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