martes, 20 de julio de 2010

Articulista invitado

El Resultado de las Elecciones,
Responsabilidad de Todos

Héctor Yunes Landa* .

Cuando ha caído el telón de la jornada electoral de 2010, sorprende saber que aún hay gente a la que le resultan extraños los resultados electorales del 4 de julio. Considero que más que extrañarnos, deberíamos apreciar la nueva realidad que nos plantea un proceso democrático como el que acabamos de vivir.

Las elecciones hoy en día son cerradas no por obra de la casualidad, sino porque como sociedad hemos avanzado, tanto en la concepción que tiene el ciudadano común de la política y del valor de su voto, como por el propio crecimiento de los partidos. Esto nos ha conducido a experimentar la alta competencia electoral, ya no como una excepción, sino como algo cotidiano.

Esta situación no es nueva, recordemos el año 2004 cuando Fidel Herrera siendo un ejemplar candidato alcanzó la victoria en un escenario electoral muy disputado, y la referencia más reciente, la tenemos en el 2006, cuando Felipe Calderón gana la presidencia en una controversial jornada electoral, donde el PREP lejos de clarificar quien había resultado ganador, dio lugar a una incertidumbre que originaría muchas interrogantes, sobre todo por el escasísimo margen de menos de un punto porcentual (0.57) de diferencia con el cual Calderón Hinojosa se alzó con el triunfo. El desenlace de la elección en el municipio de Veracruz, por menos de un punto y contado voto por voto, ilustra de manera dramática la realidad electoral que vivimos.

Por eso, debemos considerar que las contiendas electorales cerradas ya son el signo de nuestros tiempos; por eso, los casi 3 puntos porcentuales de diferencia con los que Javier Duarte superó al candidato que obtuvo la segunda posición, son un margen más que suficiente para calificar su victoria como inobjetable. De hecho, si consideramos que Javier Duarte, al obtener 1 millón 392 mil votos, superó por 30 mil votos la meta mínima asignada a Veracruz por el Comité Ejecutivo Nacional de 1 millón 362 mil votos para una elección de este tipo, nos permite asegurar y congratularnos de haber obtenido una gran victoria.

Por otra parte, debemos reconocer otros factores que incidieron en la pasada elección, como el hecho de que la mayoría de las ofertas políticas de los partidos, son similares. Muchas de las propuestas entre un candidato y otro varían básicamente en el enfoque y prioridad que promuevan entre el electorado, y ciertamente, en la capacidad que demuestren de cómo van a hacer realidad sus ofrecimientos. Esto es a lo que los ciudadanos otorgan mayor importancia a la hora de definir su voto.

Sin embargo, otros factores, como las dificultades económicas y sociales, gravitan en la determinación del sufragio y se han convertido en obstáculos para los gobiernos locales que ven como sus programas de gobierno son insuficientes para consolidar los avances que todos anhelamos. Esta situación conlleva el que muchos esfuerzos presupuestales no tengan el impacto esperado entre la gente, puesto que su demanda de satisfactores es siempre creciente.

Desafortunadamente, estos aspectos de insatisfacción ciudadana, son aprovechados por algunos contendientes, quienes al intentar capitalizarlos para sus proyectos personales, no les importa fomentar la polarización de las posturas políticas de los ciudadanos, cayendo en indeseables estratagemas de manipulación de la opinión pública. Por ello, quienes se sorprenden por los resultados tan apretados del 4 de julio, deben tener presente que los priístas nos enfrentamos a un adversario real, que contó con todo el apoyo del Gobierno Federal. Es innegable que toda la maquinaria mercadológica del orden federal estuvo apoyando a los candidatos de Acción Nacional; además, coaccionaron el respaldo ciudadano a través de los programas asistenciales federales como Oportunidades, Alimentario y, 70 y Más. De esta manera, el gobierno federal fue un factor de enorme peso que se hizo presente en la jornada electoral.

Ante el escenario de alta competencia descrito, estoy convencido que para el PRI los resultados son satisfactorios. El recuento de esta contienda electoral democrática nos arroja cifras optimistas: Javier Duarte obtuvo la victoria con la cifra record de casi 1 millón 400 mil votos; triunfó en más de la mitad de los municipios de la entidad; en el Congreso del Estado seremos la fuerza política con mayor presencia con 20 diputaciones de mayoría relativa y al menos 5 de representación proporcional. La mayoría del PRI en el Congreso local y el importante número de diputados de otras fuerzas políticas garantizan un balance que sin duda evitará la confrontación estéril a la que algunos oponentes apuestan. Este equilibrio de fuerzas permitirá la Gobernabilidad que nuestro estado requiere para continuar por el sendero del progreso y desarrollo para los veracruzanos.

De igual trascendencia resulta que los municipios con mayor población serán encabezados por priístas; en particular, cabe destacar el triunfo de las candidaturas de nuestro partido en la otrora cuenca panista de Veracruz y Boca del Río. Estas son a todas luces, victorias que engrandecen el triunfo del PRI, y permitirán a Javier Duarte gobernar con mayor certidumbre y facilitarán alcanzar sus metas de gran visión para la entidad.

Al final de la contienda de este año, debemos ser objetivos en la valoración de los resultados obtenidos, y con esa convicción, sostengo que la dirigencia estatal del PRI cumplió cabalmente con su misión de obtener las victorias más importantes. No podemos seguir anclados en el pasado y sacar a relucir del anecdotario, triunfos que tuvieron lugar en un contexto de baja competencia electoral. Los tiempos ya cambiaron y debemos acostumbrarnos a competir en situaciones que exigen el máximo rendimiento. Pienso que la dirigencia del PRI y sus sectores y organizaciones cumplieron con su responsabilidad.

Los resultados en las elecciones democráticas contemporáneas son de votaciones con diferencias de 3 a 4 puntos porcentuales. Es nuestra responsabilidad acostumbrarnos a esta nueva realidad y a su consecuente normalización de la vida pública una vez concluida la jornada electoral. A Veracruz y a México le urge que sus líderes se pongan de acuerdo para encontrar las soluciones a nuestros graves problemas. No hay tiempo para perder en litigios voluntaristas ni en pleitos personalistas. Es hora de construir la unidad y el futuro de Veracruz.

*Diputado Presidente del Congreso del Estado de Veracruz

hectoryunesdiputado@hotmail.com

lunes, 12 de julio de 2010

Articulista invitado
Felipe Calderón ganó por
menos de un punto (0.57)
Por Héctor Yunes Landa* .

La Democracia actual implica, con frecuencia, elecciones cerradas, con alto nivel de competencia, y Felipe Calderón en la elección del 2006, por citar el ejemplo más cercano para los mexicanos, ganó por sólo el 0.57 por ciento de diferencia, es decir, menos de un punto porcentual, y el PRI con gran sentido de responsabilidad con la nación, reconoció ese escaso margen, sin pedir ningún recuento; el PAN por su parte, se negó a cualquier recuento como lo demandaba la coalición de izquierda.
Por ende, cuestionar los resultados electorales con prejuicios, con una actitud premeditada, que pretende descalificar el proceso desde antes de que ocurra, nos ubica en el umbral del fin de la Democracia como sistema. Debe preocupar a la sociedad que haya quien postule esto, porque representa una tentativa de regresión que pretende que volvamos a alguna forma política premoderna ya superada, como la monarquía absolutista o la dictadura.
Con todos los defectos y asignaturas pendientes, y aún con todos sus vicios, la Democracia sigue siendo el mejor sistema inventado por la sociedad para acceder al Poder y regular su ejercicio. Es, hasta hoy, lo mejor que tenemos. El sistema democrático se actualiza a través del proceso electoral y se realiza con la participación de los partidos. De este modo se estructura el sistema de representación política y se vertebran los intereses diversos que existen en la sociedad. Son los partidos, entonces, los llamados a participar para legitimar el ascenso al poder público.
A pesar de que le falta mucho a la democracia política para reflejarse en la economía de los ciudadanos hay avances notorios, especialmente en materia electoral. Se ha avanzado mucho en la independencia de los órganos electorales, la participación al interior de los partidos y también de los representantes ciudadanos que hacen posible los procesos electorales. Pero quizá lo más importante es que en el caso de Veracruz, es que en las 9,827 casillas instaladas el pasado 4 de julio, se registró una participación de casi 60 mil ciudadanos como funcionarios de casilla, otros 60 mil representantes de los diversos partidos y más de 2 mil observadores electorales. Mención especial merecen los más de 3 millones de ciudadanos que acudieron a votar en paz y luciendo una civilidad ejemplar, digna de cualquier nación de primer mundo.
Las 9,827 actas son un resultado definitivo de la elección de gobernador, aún cuando la diferencia entre el primer y segundo lugar es de 3 puntos porcentuales. De acuerdo a las reglas de la democracia y a lo establecido en nuestro sistema electoral, es posible ganar o perder por un voto. Vale la pena añadir que la legislación electoral de Veracruz, establece, incluso, que si la diferencia es menor a un punto porcentual, debe realizarse un nuevo conteo de la votación emitida, regla que diseñamos a partir del apretado resultado de hace 6 años en Veracruz y hace 4 años a nivel nacional. Por eso en el municipio de Veracruz se han vuelto contar los votos emitidos.
No pretendo con este comentario menoscabar la importancia de que la votación esté tan cerrada y altamente dividida, pero esto hay que entenderlo, en principio, como un espejo de los mensajes que los políticos estamos enviando a los ciudadanos y, en segundo, como un mandato de la sociedad que no brinda toda la confianza a sus hombres públicos y trata de contrapesarlos en el ejercicio del poder. Además, esto debe preocuparnos porque refleja la crispación y polarización que hay en el ambiente social de Veracruz y México. La pregunta que surge es: ¿Es posible que México y Veracruz superen sus problemas con tal división a nivel político y social? Es difícil pensarlo siquiera. Si no hay unidad en la acción pública no hay progreso posible.
Para algunos líderes, tal parece que lo que verdaderamente importa es la lucha por el poder, ignorando que quienes resultan derrotados en un proceso, tendrán un importante grado de participación en el Poder Legislativo y en los demás órdenes de gobierno y poderes públicos. Tal parece la escenificación de una guerra de egos. Y, a semejanza de cómo ocurre en una familia, cuando aparece la guerra de egos, se destruye el hogar, especialmente, si hay un enemigo al acecho, como es el caso de la delincuencia organizada y otras pestes en México. Gobernar, entonces, es tarea de todos, requiere el concurso y la participación de todas las fuerzas políticas que conforman el Estado. Pero para que el Estado funcione como tal se requiere un auténtico estadista al frente, que actúe como Jefe de Estado, no que sea copartícipe de una guerra sucia deleznable contra los adversarios políticos de su partido.
La lectura del nuevo mapa político de Veracruz nos arroja que el PAN gobernará en un mayor número de municipios y tendrá un importante número de diputados, que le permitirán una amplia representación en el Congreso de Veracruz. En otras entidades, la voluntad soberana de los ciudadanos determinó una alternancia en el Poder, como en Aguascalientes, Zacatecas y Tlaxcala, donde la ciudadanía optó por el PRI. Por el contrario, en Oaxaca y en Puebla, la ciudadanía decidió quitarle al PRI la conducción del gobierno y otorgársela a la coalición de un amplio espectro de partidos. Ni hablar, el pueblo habló y escogió. Si el PRI cuestionara estos resultados pues el asunto se tornaría esquizofrénico, porque no habría ya referente alguno para establecer quien ganó cada elección.

La ciudadanía nos observa y evalúa, y emite su juicio, muchas veces con estrecho margen de diferencia. Decisiones incuestionablemente legítimas, porque tal como postuló Max Weber la legitimidad tiene su origen en la legalidad, y la legalidad se obtiene con el cumplimiento de la Ley. Ni más ni menos. Así está estipulado y debemos acatarlo, es el principio de la convivencia social. Esta es la democracia y no se vale aceptar los resultados donde ganamos y rechazarlos donde perdimos. En un sistema democrático se gana y se pierde. Y lo más importante es que en un proceso electoral ni se pierde todo, ni se gana todo, ni mucho menos para siempre. Por eso es importantísimo que todos entendamos que los procesos de selección interna y los procesos electorales constitucionales, son sólo un mecanismo para dirimir la renovación del poder público.
Lo más importante es que una vez superado este proceso, entendamos, de una vez por todas, la necesidad de establecer acuerdos fundamentales para crear consensos. Es aquí, precisamente donde los participantes, partidos y candidatos, demuestran a la sociedad que es lo que realmente pretenden: el poder por el poder mismo, ó el poder para servir realmente a la sociedad.
No es posible que perdamos el tiempo en conteos redundantes o en pleitos postelectorales inacabables. La sociedad exige resultados y está harta de tantos procesos electorales y tantos conflictos postelectorales. Hay que acatar el mandato de las urnas y ponerse a trabajar de una vez por todas con altura de miras, para diseñar acuerdos, consensos y acciones conjuntas, que permitan a Veracruz salir adelante. La ciudadanía demanda resultados, no querellas infinitas ni divisiones estériles.

*Diputado Presidente del Congreso del Estado de Veracruz
hectoryunesdiputado@hotmail.com

lunes, 5 de julio de 2010

Articulista invitado

Veracruz ganó, ahora
la Unidad

Héctor Yunes Landa*

Justo en el momento en el que iniciaba la redacción de estas líneas, los medios de comunicación daban cuenta de los resultados de las encuestas de salida que distintas empresas realizaron en la jornada electoral. No me sorprendieron los datos preliminares que dan el triunfo electoral a Javier Duarte de Ochoa, en la contienda por la gubernatura de Veracruz.
Estoy plenamente convencido que en el transcurso de las siguientes horas con toda seguridad se habrá de confirmar la victoria del candidato de la Coalición Veracruz Para Adelante.
La elección es muy importante, sin duda, pero más allá de ésta, los veracruzanos debemos estar muy satisfechos por la forma en que se desarrolló esta gran jornada cívica, sobre todo, después de las incidencias promovidas por el Ejecutivo federal y que fueron factor de discordia entre los veracruzanos, por fortuna los priístas hicimos prevalecer la verdad.
Así es como Veracruz vivió este 4 de julio, como una auténtica fiesta cívica, celebrada en un clima en el que predominó la tranquilidad y confianza en sus instituciones. Y esto estimados paisanos, en el México de hoy, no es cosa menor; no podemos pasar por alto, el clima de violencia e inseguridad que sufren muchos de nuestros compatriotas en diversas entidades del país, y que la semana anterior cobró la vida de un destacado político mexicano, que a estas horas sería el Gobernador electo de Tamaulipas, el Dr. Rodolfo Torre Cantú, priísta de cepa que indudablemente llevaría a su estado a un nuevo sendero de progreso. Mi mayor respeto y reconocimiento a la memoria de un extraordinario hombre.
Pero volviendo a nuestra tierra, debemos reconocer que la mayoría de los veracruzanos eligió el camino de la civilidad como pauta de conducta en estos comicios.
Concluida la jornada electoral, hoy todo debe volver a la normalidad, como ocurre en una democracia con instituciones consolidadas. Asumir esa actitud por parte de todos los involucrados, sin duda, significará un acto de madurez política que contribuirá al fortalecimiento de la democracia.
Fuimos testigos y con enorme satisfacción manifiesto, que la mayoría de los veracruzanos optamos por la propuesta política que consideramos, garantiza el reforzamiento de muchos avances que hoy son referentes de crecimiento y progreso para la entidad. Pero además, los electores dieron muestra, también, de su gran vocación democrática a través de la participación ciudadana que se pudo constatar a lo largo y ancho del territorio.
Los avances democráticos tienen su piedra angular en esta participación. Por eso, nos congratulamos porque Veracruz vive hoy una fiesta cívica, con el entusiasmo y con la responsabilidad que nos distingue a los veracruzanos.
No obstante hay algo más que queda de la elección: la urgente necesidad de transitar hacia la Unidad, asumiendo ésta, como condición indispensable para continuar avanzando. No perdamos esta oportunidad; el día de la elección transcurrió, los resultados en las urnas reflejan la voluntad de los ciudadanos, por ello los contendientes deben acatar el mandato popular; ahora debemos dar paso al futuro, debemos ver hacia adelante. No podemos quedarnos en la disputa electoral.
La elección es sólo una fase del proceso democrático, la siguiente etapa es la construcción de acuerdos políticos para hacer viables los proyectos que repercuten en su desarrollo y bienestar.
De este espacio, hago un llamado a los actores políticos para que reflexionen que el resultado de una elección no debe ser sinónimo de división, por el contrario, ésta es, reitero, una nueva oportunidad para escuchar el clamor de la sociedad que demanda a los políticos un compromiso con la Unidad.
Estoy seguro que en Veracruz prevalecerá la racionalidad y el buen juicio, porque por encima del interés personal de cada uno, se encuentra el supremo interés de Veracruz.
*Diputado Presidente del Congreso del Estado de Veracruz.
hectoryunesdiputado@hotmail.com